Desde Castillo de Locubín podemos realizar una excursión no muy larga, pero plagada de puntos de interés tanto en el aspecto cultural, como geológico o paisajístico. Pocas rutas tan completas como la que nos ocupa, que en poco más de seis kilómetros nos permite realizar un buen esfuerzo físico por la pendiente de subida, apreciar los restos de una antigua ermita, internarnos en una gruta con formaciones calizas, sumergirnos en las profundidades de la misteriosa "Sima", o divisar la preciosa panorámica de la Torre de la Nava, desde donde se aprecia cómo los árabes idearon un fabuloso sistema de comunicaciones, alineando torres en lomas y colinas con buena visibilidad.
Tras superar la ermita derruida y la tremenda pendiente del Calvario, el primer punto de interés real está en las Cuevas del Jabonero, dos oquedades rocosas muy diferentes, excavadas durante millones de años en la roca caliza y que en tiempos difíciles sirvieron de cobijo a animales y bandoleros. El paso de los años y el mal trato de los visitantes han terminado por destruir casi todas las estalactitas y estalagmitas al alcance del hombre, pero en la "cueva pequeña", tras internarnos unos 20 ó 30 metros, podemos observar a través de estrechas oquedades, pequeñas cámaras con estalactitas intactas, a las que no se puede acceder por lo estrecho del pasillo.
Desde la cueva grande, un amplio "ventanal" da luz natural a toda la caverna, que se reduce a una sola sala de unos 50 metros cuadrados, estando las formaciones de mayor interés en las paredes y techos calizos.
Nuestra ruta se complica al rodear las cuevas para escalar hacia la loma, pero la subida no es excesivamente difícil. Alcanzada la loma, el paisaje se aprecia en toda su extensión, y comienza la ruta a pie propiamente dicha. La loma de la Nava es seca, pedregosa y árida. El camino nos conduce hasta una antigua casa, en una zona despoblada donde podemos visitar la antigua torre árabe, o sumergirnos en la "Sima", una grieta larguísima, por la que se puede caminar hasta alcanzar una profundidad tal que no nos alcanza la luz externa. Los más valientes, preferiblemente equipados con material de espeleología, podrán introducirse en una cueva que seguramente debe de tener conexiones con las grutas del Jabonero, visitadas en la primera parte de la excursión. Cuentan las leyendas que la Sima y las Cuevas del Jabonero están comunicadas a través de galerías subterráneas con el Nacimiento del Río San Juan, y seguramente no están muy lejos de la realidad.
El descenso se realiza por un sendero que conecta con el carril que, a través de olivares, nos introduce de nuevo en Castillo de Locubín.
Esta ruta es ideal para disfrutarla en familia, incluidos niños, y se puede hacer en una mañana.
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