"Qué alegria cuando me dijeron, vamos a la casa del señor". ¿Os suena? Se me quedó grabada en las interminables homilías que me tragué en edad infantil y hasta bien entrada la juvenil. Luego, con el paso del tiempo, uno ha ido perdiendo la fe. Pues así es como deberíamos presentarnos ante un reto como es el DESSAFIO. Nos abrumamos demasiado, esto dejémoslo para el día a día en el trabajo, en la empresa, en la oficina, en el taller, pero no en un día de bici, ahí no!
Un año antes meditas si has hecho una buena elección al apuntarte. Cuando faltan seis meses empiezas a no verlo claro. A un mes vista comienzas a tantear a los compañeros y obtienes de la mayoría la respuesta del puñetero "aún no lo sé", y la indertidumbre y el desasosiego se apoderan de ti. Falta una semana, entrenas como un poseso pero la puesta a punto no llega, duermes mal, a la parienta ni la tocas, "no pienso malgastar energías en esfuerzos inútiles y banales"; cada día más tenso, rígido y acojonado.
Llega el gran día, las pulsaciones a 190 y sin haber dado una pedalada, llevas una cara de Alzheimer que se te nota a kilómetro y medio, echas una última ojeada a la mochila, menos mal que llevo papel higiénico...
En este estado de gracia se presenta mi buen hombre a afrontar el DESSAFIO... ¡¡Patético!!
Es complicado definir mi Dessafio'09. Salvaje y peligroso como Ava Gardner en su plenitud. Majestuoso como el Kilimanjaro en la sabana africana. Guerrillero como el Che, quemando su último grito de aliento en la selva boliviana. Sorprendente y enigmático como el encuentro con una nueva amante. Vivo, tremendamente vivo, como un reo ante la silla eléctrica.
Un año más mi "Macaria" me acompañaba en el viaje. Va casi para 20 tacos y aún no se resiente la "condená", a este paso va a acabar conmigo. Voy bastante limitado, porque carece de las "comodidades" de las bicis de ahora, sobre todo en los descensos, pero para tal y como yo trazo el guión de la película, nos apañamos bastante bien. Sigo fiel a mí mismo, no me marco metas ni me obsesiono con los tiempos, no elijo compañeros de viaje, el camino proveerá, simple y llanamente me dejo llevar. Han abierto la puerta de las cuadras y 700 corceles se lanzan furiosos al camino, dejo que desbraven a su antojo, intentar meterse en semejante rebaño es una barbaridad. Todos hemos cumplido un año, pero los caminos parece que han cumplido treinta de golpe. La bajada de Charilla al Nacimiento, infernal, perdí la cuenta de las caídas que vi. En una de tantas me paré porque la cara que observé en el chaval era de abatimiento, desconsuelo y desesperación. Había pegado un trompazo de aúpa, y la peor parte se la había llevado el costado, el brazo con una brecha considerable, la pierna bastante magullada, y lo peor de todo, el estado de la bici; sufría má por ella que por su percance, es lógico, por un segundo pensó "el Dessafio se ha acabado para mí", y con todo el camino por delante, una gran putada, no nos engañemos. Hice una exploración rápida y lo más serio era el cambio. La pieza donde van las dos pequeñas rodanas engranadas en la cadena se había retorcido totalmente para arriba, como una alcayata. Lo milagroso era que la pieza no se hubiera partido en dos. En esto llegó a nuestra altura Manolo Villegas, que también venía dolorido de otra caída. Como el chaval no reaccionaba a su estado de confusión, le dije a Manolo que sujetara la bici como si un sacamuelas estuviera empleado con un paciente. Me la jugué a cara o cruz, retorcí la pieza con el tiento mejor que pude y rezando para mis adentros para que no se quebrara. Al final mis plegarias fueron escuchadas y pude recomponer el cambio. El chaval, que se llamaba Rafa Ramírez, no daba crédito a sus ojos. ¡Venga, móntate en la burra y "palante", que la función acaba de empezar! Una vez más, el inefable destino eligió a mis dos compañeros de viaje para toda la jornada.
Llegamos a Castillo lamiéndonos las heridas e intentando recomponer un poco la situación. ¡Increíble! Primer avituallamiento y casi no queda gente, esto promete... Cuando lleguemos al remoto Frailes, los murciélagos y los búhos nos harán de comité de recepción. Reencuentro a mi paisano Pechelo y ponemos rumbo a la "Camorra Napolitana" ¡Mamma mía! Adiós tostada de las ocho y diez, los últimos 500 metros de cemento armado para enmarcar en un versículo del corán y recitarlos en la voz de un muecín talibán. Hay tíos con sentido del humor, le faltaban 100 metros para coronar, malamente echa pie a tierra, se abate sobre la bici y estalla: ¡¡No subo más porque no me sale de la polla!!
En la bajada, bye bye de Pechelo, tírale que la juventud se impone. No lo volví a ver hasta cerca de las siete de la tarde. Me llevo una pequeña satisfacción, el tramo de Chircales que el año pasado me doblegó - fue el único sitio que me hizo hincar la rodilla, quitando claro está, la Trialera Santanera, que para mi modesta opinión está fuera de lugar, el Dessafio no necesita de esto para engrandecerse-, como os decía, el pulso esta vez cayó de mi parte.
Descenso vertiginoso a Valdepeñas y segundo avituallamiento, aquí ya no quedaban ni bananas, ni barritas, ni manzanas. Navalayegua a las puertas, intento tirar de mis maltrechos compañeros pero los calambres y su maltrecha rodilla se ceban en Villegas y las heridas y su vapuleada bici, incordian a Ramírez. Corono el puerto y me dejo caer al larguísimo descenso de los Prados. Lo hago en una inmensa soledad, donde casi me cuesta creer que hasta hace poco he salido con 700 tíos. Lleno el depósito, aquí por lo menos quedaba algo aunque ya estaban recogiendo los bártulos. Emprendo rumbo al mítico Alamillos, sigo solo en muy plan íntimo, y la verdad sea dicha, me están empezando a gustar estos momentos de tranquilidad, aunque la cabra al final siempre tira al monte; en lontananza diviso un par de "jinetes", me animo y pego unas bonitas series para cogerlos, de lo mejor de la jornada, esto demuestra que en ocho horas sobre la bici hay tiempo para todo. Son de un club de Ronda, van cascadillos pero su lema es "piano, piano, qui llega lontano", les pregunto que me hagan una similitud con su marcha y me sueltan a bocajarro que no hay comparación, que esta es una "salvajá". Entramos en un intercambio de golpes dialécticos y casi deduzco que han venido poco menos que engañados, cosa que discrepo, y se lo hago saber. A cualquier marcha que se asista, se va libremente, a nadie le ponen una pistola en el pecho, hay una hoja de ruta, unas altimetrías, una puesta en conocimiento del desnivel acumulado, el que la haya hecho por segunda vez conoce la dureza de los puertos, a qué viene entonces esta estúpida queja, que por cierto, cada vez la escuchaba más de boca en boca. No seamos fariseos, si se viene, se viene, con todas las consecuencias. Y no culpemos a nadie de nuestra mala preparación, nuestra mala cabeza o nuestra puta ansia de competición, que es en el fondo lo que nos pierde, y jamás se reconoce. Cada vez me acuerdo más de lo que me decía un camarada veterano en estas lides: "Una marcha cicloturista, hoy por hoy, es una concentración de ciclistas frustados". Antes de llegar a la fuente de Alamillos conecto de nuevo con Ramírez y unos chavales de Almería. El pobre Ramírez llevaba un calvario, porque los dos piñones más grandes no le entraban, y le quedaba lo peor de la ascensión. Menos mal que todavía quedan almas samaritanas en este despiadado siglo XXI; los almerienses pararon, extrajeron herramientas de sus mochilas y le metieron mano a la desvencijada bici. A base de mucho tesón y paciencia, no importaba el reloj, lograron modular el cambio. ¡¡Ramírez -le grité-, pese a todo, hoy es tu día de suerte, de todo vas saliendo!!. Reemprendimos la marcha. Con la llegada de los de Ronda y la nueva aparición del hijo pródigo de Villegas, nos hacemos una curiosa grupeta para llegar lo más dignamente al "Paerón". Penúltimo avituallamiento y, como ya iba siendo norma, recogiendo. Empezamos el descenso y al final del puerto hay un control de enlaces, diciéndonos que vamos fuera de tiempo y que el tramo de Cuevalayedra se anula, tirar para Cerezo Gordo. Medieron la única desilusión del día, porque era el único tramo que no conocía, y me hacía ilusión conocerlo. Podía haberlo hecho solo, pero temía que en mi decisión arrastrara a los demás o los dejara en una atmósfera de confusión, así que opté por lo más sensato, otra vez será. Los calambres empiezan a ser insoportables en la mayoría, y para sobrellevarlos van alternando el pedaleo con el andurreo. Uno me dice en la bajada de Los Rosales que va tan "zombie" que no siente ya ni las insufribles almorranas, quizá lleve algo de razón. Llega un momento, por lo general cuando pasas el Paerón, que tu organismo se vuelve inmune al dolor, de tanto sufrimiento ya no sientes nada, entras en un estado de gravitación, rayando casi en atisbos de pasotismo. Llegamos a Frailes, el personal no quiere ni comida, ni bebida ni descanso, sólo buscan a las niñas de los masajes, casi me tengo que liar a patadas para arrancarlos de nuevo a la carretera.
El kilómetro de las Nogueruelas los vuelve a la realidad y ni el piso asfaltado los consuela, el umbral de la desesperación cabalga peligrosamente por el filo de la navaja. Los de Ronda y Almería no paran de preguntarme qué queda, les digo que los Llanos de Santana. ¡Ah, eso suena bien!... pero se dan de bruces con la inhumana trialera. Venga, venga, que cuando veamos la Mota, estamos salvados. Y lo que vieron fue a una chavala enseñando el ombligo y un cartelito por encima de la cabeza, diciendo "Faltan 4,8 kms". Un golpe bajo, de efectos casi catastróficos, creían que estaban en el último kilómetro. A la altura del hombre del caballo, vuelvo a por Ramírez, me empieza a preocupar seriamente su estado. A nadie a estas alturas le queda nada dentro del pellejo, pero él va al límite. ¡Increíble, estamos entrando en Alcalá! Para colmo y cerrar el día a gusto, entramos en la línea de meta en sentido contrario. Una meta muy fría y distante, y nulo calor humano, el año pasado en el Castillo no nos faltó el aliento y el ánimo de los pacientes aficionados. Reconforta después de tanta penuria un humilde y modesto reconocimiento a tu esfuerzo. Echo un vistazo por encima y no me agrada mucho lo que veo, cuerpos rotos, rostros demacrados, miradas perdidas, piernas agarrotadas que a duras penas se mantienen en pie. Caigo en la cuenta, estoy viendo a los pasajeros del vagón de cola, los del AVE hace dos horas que se quitaron de enmedio.
Semblanzas personales:
- El abrazo que me pegó Ramírez una vez traspasada la línea de meta. Le salió del alma y eso no tiene precio.
- Villegas compró la bici cinco días antes del Dessafio. Manolito, para montar un potro primero hay que domarlo.
- Un suspenso con Mayúsculas al pueblo alcalaíno, no se merece tener en sus calles una prueba como esta.
- En Chircales le cogí rueda a una chavala y además de la cuesta, se me empezó a poner dura otra cosa.
- La imagen del día, un tío sentado en el borde de la cuneta llerando desconsoladamente. Me detengo, le pregunto si se ha caído y entre gimoteos y pucheros, me suelta "¡que no! Sólo quiero poder terminar". Un héroe.
- Hay especímenes para todo. En los Prados uno estaba "sobando" bajo un chaparro y con el casco puesto. Esto es arte, señores.
- Cuevalayedra, sigue ahí, no te muevas, el año que viene nos batimos el cobre.
- Como diría un asturiano de pro: "Puxa el Dessafío Borracho y Dinamitero" ¡Y por muchos años!
No quisiera terminar sin expresar mi agradecimiento a todos esos "BENDITOS LOCOS ANÓNIMOS" que se dejan la piel y algo de su salud para que un MAREMAGNUM como se ha convertido el DESSAFIO salga adelante. Ellos son los auténticos protagonistas.