MIS SALIDAS DE NAVIDAD EN SABADELL
EL MARQUET DE LES ROQUES
El día 26/12/2009, festividad de Sant Esteve en Cataluña, me enfundé el traje ciclista para disfrutar de las carreteras “de sierra” que rodean mi ciudad natal. Antes de salir de la ciudad no puedo sino detenerme en el monumento que la caracteriza: la Torre de l’Aigua (Torre del Agua), un depósito monumental que elevaba el agua desde el río Ripoll y la distribuía por toda la ciudad.
Me dirijo a la localidad de Palau-Solità i Plegamans por una carretera ancha y con poca pendiente, no sin antes haber abandonado la ciudad de Sabadell por la su curva más peligrosa (donde curiosamente nadie aún se ha matado). El paisaje no nada espectacular en ese tramo. Edificios, fábricas y otras construcciones industriales nublan el paisaje, y por otra parte las condiciones meteorológicas no son muy alentadoras para 4 horas de bicicleta. No hace frío pero el cielo está completamente nublado y se hace evidente la amenaza de lluvia. Por suerte iba bien preparado.
Llego a la localidad de Palau-Solità i Plegamans que paso “a plato” y de repente todo el paisaje cambia. Ya no hay fábricas y recorro un entorno, agrícola y forestal sencillamente precioso.
A la salida de Palau-Solità i Plegamans, tras una rotonda, encuentro un cartel que indica Caldes de Montbui 3 km. En una masía entre Palau-Solità i Plagamans y Caldes de Montbui hice las prácticas de ingeniero técnico agrícola cuando estudiaba en Barcelona.
La parada en la localidad de Caldes de Montbui es obligada. Sus calles estrechas y adoquinadas del casco histórico me acercan a la Font del Lleó (Fuente del León) cuyas aguas fluyen a una temperatura constante de 74 ºC y fueron aprovechadas por los romanos para la construcción de unas termas.
Y comienza el “puerto” de la jornada, desde Caldes de Montbui hasta Sant Feliu de Codines. Pero no fue tan terrible como creía. Rememoraba el Portalet de la QH, o el puerto de Arroyo del Ojanco en la brevet de Linares, quizás más parecido a este último en longitud y dureza. Y como llevaba pocos kilómetros acumulados llego con facilidad a Sant Feliu de Codines donde me cruzo en la rotonda de entrada con 2 biker’s llenos de barro. ¡Qué suerte haber elegido la flaca para la ruta de hoy!
Las calles de Sant Feliu de Codines pican ligeramente hacia arriba, pero se puede atravesar perfectamente la localidad “a plato”. La carretera se convierte en un auténtico rompepiernas antes de llegar al pueblo de Gallifa, el más pequeño de la comarca. Para más INRI empieza a llover. No mucho. La lluvia fina moja mi chubasquero antes de que un largo descenso me sitúe en Sant Llorenç Savall, donde se encuentra la carretera de Sabadell.
Pero, decido hacer un alto en el camino. Me habían hablado del Marquet de les Roques (no sé cuál sería la traducción al español). Una masía monumental en un entorno agrícola/forestal a 30 km de Barcelona ¡Increíble!. Así que a los 3 kilómetros de salir de Sant Llorenç Savall, tomé el desvío hacia la citada masía. El camino estaba hormigonado, pero su firme se parecía a los últimos kilómetros del Pico Veleta. A 500 metros de la construcción el hormigón dejaba paso a una pista forestal en mejores condiciones que el tramo anterior hormigonado. La recorrí sin problemas (haciendo un poco de ciclocros, pero quien haya subido al Veleta y bajado seguro que pasa por allí con una “flaca”) hasta llegar al pie de la masía, donde la parada era obligada para reponer fuerzas. Ya no llovía, aunque el cielo seguía encapotado. La masía: un verdadero monumento en un entorno espectacular.
Descendí cuidadosamente por la pista del Marquet de les Roques y por el tramo hormigonado y luego descendí rápidamente por la carretera, atravesando la localidad de Castellar del Vallès “a plato” para llegar pronto a casa para celebrar la comida del día de Sant Esteve.
En total recorrí cerca de 75 km, rodando por carreteras en cuyos márgenes se alzan exuberantes bosques de pinos entre Sant Feliu de Codines y Sant Llorenç Savall.
TRACK: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=684094
MANRESA
En la Brevet de Linares había un corredor barcelonés. Yo charlé un rato con él en los primeros kilómetros, antes de juntarme con el grupo cabecero con Paco Arjona y José “el Sastre”. Dicho ciclista era de Manresa.
Como ya ocurrió 2 días antes en mi salida al Marquet de les Roques el cielo estaba encapotado e incluso hacía una temperatura algo inferior. Pero en este caso las previsiones eran mejores. Incluso el sol me acompañó durante algunos puntos de mi ruta.
Salí de Sabadell a las 8:30, esta vez en dirección a Terrassa. (Un inciso: los “piques” entre sabadellenses y egarenses son comparables a los castillero-alcalaínos). Ambas ciudades están prácticamente conectadas. Sólo hace falta encontrar el cartel que indica el fin del casco urbano de Sabadell, para a los 5 minutos encontrar el que da paso a la localidad de Terrassa. Es un día laborable y el tráfico es muy denso, por suerte la carretera en ancha y con buen arcén.
Evito la autovía que conecta Terrassa con Manresa, pero la carretera “vieja” está también congestionada. Lo peor es pasar por debajo de los túneles. Por suerte son cortos y están muy bien iluminados. El segundo de ellos incluso dispone de una acera de aproximadamente 2 metros de ancho por la que es seguro circular con la bicicleta. No me detuve hasta llegar a Manresa y no hice ninguna foto, el tráfico era incesante.
Pero al entrar en Manresa la cosa cambia. Nunca antes había estado en Manresa. Es otro de esos lugares que he conocido antes en bicicleta que de otra forma. Sus monumentos, como el puente viejo o la Seu de Manresa, que algunos comparan con la Catedral de Palma de Mallorca, son dignos de ver. ¿Le encontráis el parecido?
Pero al abandonar la carretera principal me perdí. Tuve que preguntar a los lugareños hacia donde se cogía la carretera de Calders, ya que el GPS me enviaba por el Pont de Vilomara cuando yo había visto en los planos que la dirección correcta era tomar el desvío hacia Sant Fruitós de Bages y Navarcles. Después de varias vueltas e incluso tomar durante 2 kilómetros la carretera del Pont de Vilomara tomé el desvío correcto.
De pronto todo el paisaje cambió. Ya no había tráfico. Y ascendía entre pinos y robles por una carretera en dirección Calders. El único tráfico que había en esa carretera es el de multitud de ciclistas a los que rebasaba.
No estaba muy seguro de si había tomado el desvío correcto después de dar varias vueltas por Manresa así que me puse a ritmo de un hombre que llevaba una bicicleta eléctrica. Estuve un rato hablando con él y me confirmó que mi dirección era correcta. Cuando le dije que venía desde Sabadell y que llevaba ya 70 km encima de la bici quedó atónito.
En Calders nos despedimos, yo tomé el desvío hacía Sabadell. Creía, en mi vana esperanza, que todo el camino que me quedaba era de descenso. Había llegado a Manresa y luego a Calders, en franco ascenso, y creí, sí creí, que sólo me quedaba un largo descenso hasta Sabadell. Pero al llegar a Monistrol de Calders empezó un puerto largo (de unos 10 km) pero tendido que me obligó a echar mano de uno de un gel de glucosa. Por suerte ascendí bastante bien, rebasé a algún ciclista que me comentó lo que quedaba de puerto. Se parece al Marie Blanque de la QH, aunque con mucha menos dureza al principio, pero al llegar al pico la carretera se convierte en un falso llano picando hacia arriba con algunos tramos rompepirnas, sólo unos 3 kilómetros después se encuentra el verdadero descenso hasta Sant Llorenç Savall.


Atravesé esa localidad sin detenerme y bajé “a plato” atravesando Castellar del Vallès en busca de Sabadell. Al final algo más de 107 km y 5 horas y media de bicicleta de las que quitaría el tramo entre Terrassa y Manresa por el tráfico denso que tuve que soportar pero en las que disfruté de la segunda parte de la ruta: carreteras entre pinares (hay un restaurante llamado Can Pinetó unos kilómetros antes de Castellar del Vallès) de puro bosque mediterráneo.
EL PUIG DE LA CREU
Hace 9 años, cuando teníamos 17 años, mi amigo Jordi y yo hicimos esta ruta. Fue la primera ruta que recuerdo haber hecho en bicicleta y aunque logré ascender al pico por la parte “fácil” terminé el día con una soberana paliza (pájara, como comúnmente se suele decir en el entorno ciclista). Aún conservo la bici con la que hice esa ruta, era de mi hermano y peor (y eso es difícil) que el “ciervo” con el que empecé a salir en Castillo.
El día 29/12/2009, un día después de mi visita a Manresa con la “flaca”, Jordi y yo salimos para rememorar viejos tiempos. Esperaba cambiar la historia en esta ocasión. El Sol lucía resplandeciente en el cielo, a diferencia de otros días en los que salí yo solo en los cuales me encontré el cielo nublado. Mi amigo Jordi se puso el maillot del Dessafío 2008 que le di el año pasado. Publicidad gratis.
Jordi vino a buscarme a mi casa, pero se descuidó de coger comida, así que le di un plátano y dos barritas. Serían fundamentales durante la ruta.
Salimos a las 9:00 y a un ritmo fuerte salimos de Sabadell por la Torre de l’Aigua, tomando un camino a la izquierda justo después de pasar el puente. Empezaba la fanfarria. A pesar del fuerte ritmo que llevábamos nos permitía contemplar el paisaje, llaneando por un carril a la margen del río. Buscábamos la localidad de Castellar del Vallès por el camino viejo. Adelantamos a algunos ciclistas, y uno de ellos me gritó al subir una cuesta: ¡A ver si te va a reventar el gemelo! Nos detuvimos en una masía un poco más adelante y volvimos a encontrarnos con el mismo grupo de ciclistas.

En poco tiempo llegamos a Castellar del Vallès donde tras circular por sus calles empinadas enseguida buscamos la ascensión al Puig de la Creu, esta vez, a diferencia de hace 9 años, por la vertiente más dura. Fue donde acusé el esfuerzo del día anterior en Manresa, pero aún así, mantuve un buen ritmo de ascensión, recortando paulatinamente la distancia con Jordi, mucho más explosivo que yo al practicar esquí de fondo. La pendiente no permitía ascender con otro desarrollo que no fuera el molinillo.
La ascensión se me hizo muy corta. Se parece a la ascensión de la Ermita de los 101 de Ronda en dureza. En unos 20-25 minutos estábamos en lo alto. Recordaba ese sitio. Es precioso. Hay un sendero que rodea la Ermita que hay en lo alto. Desde allí se divisan todas las sierras del alrededor y también multitud de pueblos y urbanizaciones. También se ven los edificios más altos de Barcelona y la torre de comunicaciones de Collserola (¿Quién la reconoce en la foto?)
Descendimos por carriles y pistas anchas por el mismo camino por el que ascendimos en 2001, hasta el entronque con la pista, donde un descenso trepidante nos acercó a la localidad de Sant Llorenç Savall. Ya la conocía por haber iniciado desde allí mi descenso hasta Sabadell en mis dos salidas de carretera. Sin embargo, nos detuvimos en un cruce en el cual hay dos encinas podadas de una forma peculiar.
Descendimos de forma trepidante por la carretera y tomamos el entronque hacia el Marquet de les Roques, pero al kilómetro nos desviamos a la izquierda tomando un camino entre pinos, encinas y robles, en franco ascenso, entroncando con un camino asfaltado de descenso que se convirtió en una pista forestal sin asfaltar, antes de tomar de nuevo la carretera de Castellar del Vallès.
Pero de nuevo nos desviamos, dejando la carretera, para ascender el segundo “puerto” de la jornada con unos 300 metros de desnivel acumulado. Aprovechamos la parada para reponer fuerzas. E iniciamos la ascensión. El objetivo era llegar a un depósito de agua. No acusamos mucho el cansancio y subimos bien, no sin tenernos que apear de la bicicleta en los tramos de pendiente imposible. Pero tras ese tramo el camino ascendía suavemente por la ladera de la montaña ganando altura paulatinamente. Me quedé sin agua en mi bote en esa ascensión.
E iniciamos el descenso. Pero hicimos un alto al llegar a una masía abandonada donde nos hicimos algunas fotos. Nos detuvimos tras el descenso en una fuente en plena montaña, unos 300 antes de entrar en el casco urbano de Matadepera. Impresionante, parece que está metida como en una cueva.
En Matadepera el urbanismo brilla por su ausencia. La calle principal tiene Stops a cada lado, mientras las calles secundarias tienen preferencia. Raro, raro, muy raro.
Callejeamos por Matadepera antes de entrar en una pista forestal estrecha pero asfaltada (su asfalto es comparable, una vez más, al de los últimos kilómetros del Veleta) y tras cruzar la carretera principal nos desviamos por caminos estrechos y senderos ciclables entre pinos, dejando Terrassa a la derecha y saliendo a la carretera de Matadepera a 1 km del casco urbano de Sabadell. Para acceder a la carretera tuvimos, eso sí, que saltar una valla.
Al final fueron 53 km de terrenos variopintos. Desde encinares y pinares hasta campos de cereal y paso por varias localidades. Y disfrutamos repitiendo la ascensión que hicimos con 17 años.
SANT JAUME DE FRONTANYÀ – ARDERICÓ
Esta vez dejamos las bicis aparcadas. El último día del año 31/12/09 decidimos pasarlo andando por las sierras del Pre-Pirineo, en concreto en el pueblo habitado más pequeño de Cataluña: Sant Jaume de Frontanyà, pasando la noche de fin de año en un refugio de montaña.
Salimos a las 10:00 de Sabadell en coche. Nos encontramos un atasco debido a un accidente cerca de la central térmica de Cercs y no pudimos llegar a La Pobla de l’Illet que era el plan inicial y desde donde partirían horas después los amigos de Jordi.
Llegamos a Sant Jaume de Frontanyà sobre las 12:00. La distancia desde ese punto hasta el refugio es parecida a la que hay desde La Pobla de l’Illet. Descargamos nuestras mochilas y nos dispusimos a andar. Nos aguardaban unos 9 km de marcha, por senderos y pistas forestales hasta llegar al refugio.
Pero no es posible salir de Sant Jaume de Frontanyà sin asombrarse por su inusitada belleza, un pueblo pequeño y muy característico de esta zona de montaña.
Iniciamos la marcha por los senderos que rodean Sant Jaume de Frontanyà, ganado altura muy rápidamente. Al llegar al refugio descubriríamos una ruta para la BTT de 162 km con casi 9.000 metros (si ¡¡¡¡9.000 m!!!!) de desnivel acumulado. Me queda un gran camino por recorrer en esto de la bici, pensé para mis adentros, aunque andando también se descubren parajes impresionantes. Como el sendero por el que iniciamos la marcha, no ciclable ni para arriba ni para abajo.
Ascendimos unos 200 metros de desnivel en poco tiempo dejando a Sant Jaume de Frontanyà en el valle, en una vista para enmarcar. Nos hicimos algunas fotos en ese punto donde había una gran cruz de madera y proseguimos nuestra marcha, esta vez por pistas forestales que nos conducían hacia la Creu Melosa, ascendiendo esta vez de forma gradual, ganando altura poco a poco.
El paisaje es verdaderamente espectacular. Caminamos por un entrono rodeado de campos verdes para el ganado, pinos, hayas y demás vegetación. En senderismo es habitual al alcanzar la parte más alta de la montaña recorrer toda su carena. Eso fue lo que hicimos recorrimos la carena de la montaña en forma de U hasta que nos situamos cerca del refugio.
Como teníamos tiempo, a unos 2 kilómetros del refugio nos acercamos a un pico para contemplar sus vistas. Aprovechamos para reponer fuerzas y desde allí pudimos observar todos los pueblos de alrededor en la lejanía. Es una zona poco habitada a pesar de pertenecer a la provincia de Barcelona. No se parece en nada a mis salidas con la “flaca” donde cada pocos kilómetros cerca de Sabadell había que atravesar edificios.
Seguimos avanzando, esta vez en descenso por pista, hasta llegar al refugio Ardericó, una vieja masía en medio de la impresionante sierra, donde nos detuvimos y nos tomamos los bocadillos que llevábamos para comer. Por la tarde, casi de noche, llegaron los amigos de Jordi y otras personas con las que compartimos la Nochevieja en ese entorno espectacular. Lo mejor de todo fueron las campanadas, el dueño del establecimiento con una cacerola y una paella tocando los cuartos y las campanadas al oírlas por la radio.
Al día siguiente nos levantamos temprano para volver andando a Sant Jaume de Frontanyà ya que tanto Jordi como yo teníamos que comer con nuestras familias en el día de año nuevo.
Tomamos otro camino para regresar distinto al que hicimos el día anterior. Nos adentramos también en la sierra y recorrimos aproximadamente la misma distancia en unas 2 horas. De nuevo paisajes impresionantes. Veredas entre hayas y pinos y descenso paulatino por las carena de la montaña. También algunas construcciones dispersas en sintonía con el entorno rodeadas de campos verdes de heno para el ganado.
Tuvimos que hacer un tramo corto de carretera, antes de descender por un barranco hasta Sant Jaume de Frontanyà, nuestro punto de partida, al que llegamos a las 11:30, con tiempo para llagar a nuestras casas a celebrar la comida de año nuevo.
MOIÀ
De nuevo en Sabadell, y de nuevo tomo mi “flaca”. 3 de Enero de 2010, mi primera salida del año. Esta vez el objetivo era claro: Moià. Conocía la carretera, en sentido metafórico, salí de Sabadell por la Torre de l’Aigua en dirección a Palau-Solità i Plegamans, cubriendo fácilmente los 7-8 kilómetros que separan ambas localidades, pero al salir de esta localidad tomé el desvío en dirección a la Torre Marimon, una masía monumental en la que realizaba las prácticas de ingeniero técnico agrícola cuando estudiaba en la UPC de Barcelona. El campus se ha trasladado ahora a Castelldefels y ya no realizan allí las prácticas los futuros ingenieros, pero la masía sigue conservando todo el esplendor de antaño.
Para salir de allí, tomé la antigua carretera de Sentmenat a Caldes de Montbui en dirección a esta última localidad, atravesándola “a plato” y tomando dirección Sant Feliu de Codines en franco ascenso.
No me costó mucho llegar a Sant Feliu de Codines, se notaba el rodaje de los últimos días, pero la ascensión continuaba. Fue en Sant Feliu de Codines donde encontré a un grupo numeroso de ciclistas, aunque no pude alcanzarles a pesar de que les recortaba por momentos la distancia que me llevaban. Pero tomaron el desvía hacia Sant Llorenç Savall y mi plan era seguir ascendiendo hasta Moià.
Saliendo de Sant Feliu de Codines hay unas bonitas curvas de herradura. Aunque no pueda considerarse un “puerto” como los que hay en la Sierra Sur si es cierto que el ascenso es constante y posteriormente se convierte en un terreno rompepiernas comparable al que hay entre el puerto de Locubín y el alto de la Martina.
Me adelantó un ciclista con el maillot de la Unió Ciclista de Sabadell y me puse a su ritmo durante algunos kilómetros para pedalear con más facilidad. Pero no me llevó hasta Moià. En el cruce de Centelles se desvió y yo seguí en mi “ascenso”.
A diferencia de mis otras dos rutas con la bici de carretera ese día lucía el sol entre las nubes y sólo por la tarde-noche llovió, pero claro a esa hora yo estaba disfrutando del partido de fútbol entre el Sabadell y el Villajoyosa en el Estadi de la Nova Creu Alta. Me detuve un instante algunos kilómetros después del cruce de Centelles, para ver un mensaje de mi móvil y aproveche para hacer algunas fotos del paisaje.
Y de repente ya estaba en Moià. Había ascendido fácilmente el “puerto” del día y me había plantado en mi objetivo. Me detuve para hacer algunas fotos e incluso una a una fábrica a la entrada de Moià ¿Alguien sabe lo que produce esa industria? Pista: no es textil (la industria textil es la que tiene la chimenea grande de ladrillo marrón al fondo)
No me detuve mucho tiempo y pronto salí de la ciudad de Moià en dirección a Calders, deteniéndome en ese tramo un par de veces para hacer algunas fotografías del paisaje. ¿Cómo puede cambiar tanto el paisaje en los 10 km que separan Moià de Calders? Muy sencillo, saliendo del entorno de Barcelona todo cambia, no tiene nada que ver con el resto.
Me detuve en la rotonda de Calders para echar unas fotos y rápidamente tomé la carretera en dirección Sabadell. Ya la conocía del día que fui a Manresa y el puerto que había tras pasar Monistrol de Calders esta vez lo subí mucho más entero a pesar de que ascendí con casi los mismos kilómetros acumulados que el día que fui a Manresa (unos 70 km).
Ese día (domingo), estaba plagado de ciclistas. No paré de rebasar a amantes de las dos ruedas y también circularon multitud de ciclistas en dirección contraria. Me planté con facilidad en Sant Llorenç Savall (donde no paré) y seguí hasta Castellar del Vallès “a plato”.
En Castellar del Vallès, como aún eran las 12:30 y tenía tiempo en vez de tomar la carretera de Sabadell, tomé la de Terrassa y Matadepera, acoplándome a un grupo de ciclistas, lo que me permitió rodar fácilmente durante algunos kilómetros a pesar de los 90 que ya llevaba en el cuerpo. Pero nos adelantaron dos chicas en cuyo maillot se podía leer: “Diari de Terrassa” y en una mezcla de pique sabadellense-egarense y orgullo masculino tiré lo que pude hasta que las adelanté y las dejé atrás. El cruce de Sabadell estaba muy cerca y el terreno, ligeramente picando hacia abajo, permitía llevar un desarrollo duro comiendo kilómetros rápidamente hasta entrar en Sabadell.
Al final fueron algo más de 102 km que me supieron a poco, no por los paisajes, que son espectaculares al salir de la zona de influencia de Barcelona, sino por la ausencia de puertos largos y duros. Pero es la primera vez que yo solo hago más de 100 km. Tengo que hacerlo más veces este año.
TRACK: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=684100