LA TIERRA NO ES PLANA – CRÓNICA DEL DESSAFÍO 2010
Tengo mucho que contar acerca de la carrera. Es una prueba espectacular. Sin duda la más dura en la que he participado y en mi palmarés se hallan pruebas como los 101 de Ronda o la QH.
No tuve tiempo para desayunar. Mal. Sólo me tomé la barrita de dátiles antes de la salida y rellené el bote con agua en la fuente. No pasé una buena noche. Había un sinfín de detalles por organizar antes de la salida.
Fue allí, inmerso en la marabunta de ciclistas, dispuesto de nuevo a enfrentarme al Dessafío, cuando fui consciente de la grandeza de este evento.
Empieza la carrera. La maraña de ciclista impide que pueda pasar bajo el arco de salida pedaleando. Muchos ciclistas se bajaron y empezaron a empujarle a la bici hasta que se dispersó un poco la carrera.
Primer puerto de la jornada: Navalayegua. ¡Impresionante! La fila interminable de ciclistas luchando contra la pendiente del puerto. Al levantar la cabeza una serpiente multicolor se retorcía en cada una de sus curvas.
Un descenso trepidante me acerca a Cortijo Prados, tras 20 minutos de descenso peligrosísimo entre curvas cerradas y terreno lleno de socavones para un negado en el descenso como yo. La parada en Cortijo Prados es obligatoria. No he desayunado y necesitaba de todo el aporte nutricional posible para afrontar el siguiente objetivo: Sierra del Trigo.
Disfruté de los primeros kilómetros “llanos” del segundo puerto, aliándome con Juanma Pareja y con Pepe. Pero me sentía con fuerzas todavía y tiré un poco más en cuanto la pendiente se hizo más acusada a partir de Alamillos. Allí alcancé a Remigio.
Pero no me detuve. Seguí manteniendo mi esfuerzo y al llegar a la carretera de los molinos vi en la lejanía un maillot azul. Se trataba de Alfonso Pera, al que alcance a 2 kilómetros de la cumbre de la Sierra del Trigo. El caso de kisko fue más paradigmático si cabe. Alguien que está acostumbrado a hacer muchos más kilómetros que yo que me saca rueda en cualquier salida, de repente pedaleaba detrás de mi.
La zona de los Cortijos no me pareció tan complicada esta vez, sobre todo gracias al estupendo trabajo del equipo que señalizó esa zona indicando la trazada buena. Creo que es la primera vez que logro pasar por esas trialeras imposibles montado en la bici.
Tuve que bajarme de la bici para superar los 100 metros del repecho de pedruscos y de nuevo me monté en mi potro de tortura para proseguir por el Saltadero hasta los Rosales.
Kisco volvió a colocarse a mi rueda en la pista de zahorra blanca camino de Los Rosales, aunque luego lo perdí de vista en el descenso hasta Frailes (le gusta menos que a mi bajar por terrenos complicadísimos).
Llevaba 4 horas encima de la bici y estaba en Frailes, kilómetro 53, había superado los dos puertos y la zona de Los Cortijos y fue cuando empecé a especular sobre mi tiempo en meta. Error.
Me reencontré con Juanma en el avituallamiento que había abandonado la carrera tirando por la pista de zahorra blanca ahorrándose la zona de Los Cortijos. Me dijo que su periplo terminaba en Alcalá, donde se retiraría definitivamente al tiempo que me animó a seguir.
¿Por qué los alcalaínos llamarán “Los Llanos” a una zona que es claramente picando hacia arriba? Hice todo ese tramo con Kisco a rueda hasta llegar al avituallamiento donde también esperaba Manolo “el indio”. El reflex y las viandas del avituallamiento me otorgaron otros 15 km de sufrimiento.
Me pareció muy bien resuelto el paso por Alcalá, enteramente por veredas 100% ciclables. Empiezo a notar calambres y en el cruce con la carretera de Charilla me detengo para que la ambulancia me proporcione una pomada regeneradora. Eso me dio unos kilómetros más de sufrimiento.
Y llegué a los vados del río donde me alcanzó Remigio. Su rueda me sirvió durante algunos kilómetros como referencia. Hasta que al llegar a la carretera me sentí con fuerzas y tiré para acortar un poco mi suplicio. Entré a Castillo con fuerzas. Los niños engrasaron la cadena de mi bici mientras yo llenaba el bote de agua en la fuente y me refrescaba toda la cabeza. Comí lo que pude comer. Lo necesitaba. Temía los siguientes kilómetros (los últimos 20) que prácticamente son todos hacia arriba con algún descansillo. “¿Quién dijo que la Tierra es plana?” Sólo pensarlo se me venía el mundo encima. Pero los ciclistas estamos programados para este tipo de situaciones. Nos gusta lo que hacemos. El sabor de la victoria es mucho más dulce cuando es sufrida desde el primer metro hasta el último.
Al iniciar la Camorra la cadena se me cruza y tengo que apearme de la bici para colocarla en su sitio. Los niños que controlaban el cruce me gritaron <<¿Qué, ya no puedes más?>>. Una vez resuelto el problema mecánico me monté de nuevo en la bici. Iba con todo el dessarrollo metido, así que no tenía opción.
Es esta prueba la que distingue a los ciclistas del resto de los mortales. La que muestra el valor del esfuerzo, la constancia y el trabajo diario. La que distingue a los fuertes de los débiles, a los valientes de los cobardes.
La Camorra fue una auténtica organización criminal que tiroteaba los cuádriceps de mis piernas hasta tal punto que no podía ni andar. Remigio me adelantó definitivamente y ya no lo volvía a ver hasta la línea de meta. Tuve que pararme a la sombra de un olivo y colocar los pies hacia arriba durante 10 minutos para intentar terminar la prueba. Me pasaron Pascual y Aniceto Chica en ese tramo, y también paso Manolo “PMMMANU” que me grabó con su cámara. Mi aspecto era realmente dantesco. Pero había que seguir. Lo que quedaba era realmente duro pero no había otra salida digna que intentar llegar a meta. Tuve tiempo de hacer amistad (y lo que surja) con la maza del tío del mazo.
Tras la parada me recuperé un poco y eso me permitió llegar hasta la central hidroeléctrica montado en la bici, pero allí tuve que pararme de nuevo donde me alcanzaron Jaime primero y Juan Antonio de Frailes después. A Juan Antonio le pedí un plátano para levantar el pajarón que llevaba encima y también otro ciclista se detuvo para darme una barrita. Es increíble la calidad humana de los ciclistas. Como todos sentimos aflicción y empatía por los compañeros que sufren, por esas personas que compartimos un objetivo común: terminar la carrera. Me bebí la mitad del bote de agua que me quedaba y Juan Antonio me ofreció uno de los suyos que llevaba relleno de Nestea. Hice el resto del camino de Chircales, hasta la carretera, andando y en ese tramo fui superado por Manu. Me monté de nuevo en el asfalto y no paré hasta iniciar el último tramo de carril. Desmonté y animé al resto de ciclistas que vagaban como animas en pena por allí, asustados al ver el cartel que ponía: <<5 km meta>>.
Por fin llegué al hormigón. Nunca pensé que se me haría tan dura esta prueba. Disfruté de ese descenso. Cada curva, cada recta, cada rampa, hasta entrar en Valdepeñas, donde me detuve en la fuente de agua. Quería llegar a meta. De repente un montón de niños me rodearon para pedirme el bote, ¡Como si esto fuera el final de la Vuelta a España!. Qué lástima me dieron esos niños. Pero yo llevaba el bote de Juan Antonio y no el mío así que no pude dárselo.
Subí a toda velocidad por las calles de Valdepeñas y superé a un ciclista, al que venía persiguiendo, en la misma recta de meta. Y, brazos en alto, crucé la línea de meta eufórico, rebosante de felicidad, tras 8 horas 41 minutos de interminable sufrimiento. Ésta ha sido, sin duda, la edición más dura.
En 2008 fuimos capaces de convertir un sueño en una sólida realidad, que en 2009 fuimos capaces de consolidar nuestro proyecto y en 2010 dar un paso más, ofreciendo a nuestros invitados una prueba llena de calor humano, para que se fueran de la Sierra Sur con una sonrisa en la cara a pesar del esfuerzo realizado y con la promesa de volver a contemplar nuestros espléndidos paisajes.
Para mi sigue siendo un proyecto increíble en el que merece la pena seguir trabajando. Merece la pena por el carácter de los ciclistas que lo componen. Personas dispuestas a retarse a sí mismas contra un recorrido infernal. Merece la pena por la multitud de ciclistas a los que, gracias al Dessafío, hoy podemos llamar amigos. Merece la pena por ver a 2 ciclistas cruzar la línea de meta a las 22:00 con casi 12 horas de pedaleo, felicitando a la Organización por el trabajo bien hecho.
No encuentro suficientes palabras para describir la grandeza de este proyecto. No encuentro suficientes palabras de agradecimiento para todos los voluntarios, miembros de la Organización, aficionados y ciclistas sin los cuales no sería posible todo esto.
GRACIAS
Eduardo Soler Rosales
Castillo de Locubín, 10 de Octubre de 2010