Decía la letra de una de las castizas sevillanas "un año más, un año más, a verte vengo Rocío, con toda mi hermandad". Dejen volar a la Blanca Paloma en su santuario marismeño y bajen al infierno terrenal de la Sierra Sur a dejarse las entrañas con espíritu aventurero. ¡¡Ufff!! Un año... ¡más viejos, más sabios, más decepcionados, menos impresionados, más duros de mollera, más emocionables, más derrotados, menos solidarios, más acojonados, más tristes, más acomodados, más... Pero pese a todo, por un rato con la Flaca o la Gorda, yo daría lo que fuera. Con qué poquita cosa alegramos la gente de la bici nuestra existencia.
He vuelto a bajar al pozo de los infiernos por tercera vez. Es una sensación que tenía ya casi olvidada, pero que siempre está ahí, agazapada, acechándote entre las tinieblas y abalanzándose sobre ti, al menor atisbo de debilidad. La primera vez fue hace casi veinticinco años, subiendo nuestro particular MORTIROLO CHARILLERO, con mi primera bici de quince kilos y un desarrollo máximo de 42x21, a las cinco de la tarde del mes de Julio. Subí por raza y juventud; traspasé el umbral de la cordura con insolencia juvenil y no me gustó nada lo que vi "al otro lado". La segunda vez fue ascendiendo la Piedra de San Martín por la vertiente francesa. No sé si alguna vez habéis estado en un valle pirenaico en pleno verano y con el binomio asociado de calor más alta humedad. Te aplasta, te desintegra, te diluye. El coche de apoyo se había extraviado. Sin agua, sin comida y con los dichosos letreritos franceses, anunciándote el porcentaje medio de cada kilómetro. ¡Una tortura!
Digamos que en la primera, la culpable fue la arrogancia de la juventud; en la segunda los problemas de coordinación o enlace, pero en la tercera, la gran culpable fue ¡la MACARIA! Por tiranía y abuso de poder de su dueño. Debía haberla jubilado hace tiempo, se lo tiene merecido, pero sigo abusando de ella. Me ha dado dos avisos, como en las corridas de toros, y en el tercero por poco me manda a los corrales. El no disponer de las "comodidades" de ahora, frenos de disco, suspensión con amortiguadores, desarrollos más ligeros, etc... me está llevando a cavar mi propia tumba. Dos partes anatómicas son las que más me han martirizado, los brazos y las cervicales, pero esa es otra historia, la historia de mi tercer DESSAFIO.

Pocos días antes de la prueba, Pechelo me comentaba cómo tenía pensado planteármelo; "las miserias de los últimos ya las conoces de sobra, vente p'alante este año". Inconscientemente me estaba indicando el guión a seguir, me subyugaba la idea y además creo que se daban las condiciones ideales para intentarlo. Se salía cuesta arriba, ¡lo mío!. Por las calles de Valdepeñas, miembros del hipotético G-10 me decían que adónde iba, que no los dejara huérfanos tan pronto, aunque luego las aguas iban a volver a su cauce en cierta medida. Qué comienzo más caótico nos iba a deparar Navalayegua, entre la ansiedad, los nervios y las ganas de descargar adrenalina, al personal no lo sujetaba ni un pelotón de fusilamiento. Embotellamiento masivo, caídas, montoneras, enganches... El amigo PAREJA empoltronado con su QUAD en lo alto de un terraplén, me decía que qué coño hacía andando, le dije que estaba el patio como para montar en bicicleta. Un par de kilómetros más arriba, sinfonía inconfundible, jadeos sofocados y resuellos entrecortados, los ingredientes necesarios para salir de caza. Me lancé a una remontada memorable, sin duda alguna mis "quince minutos de gloria" en todo el día. En la cima me paré para que llegara PECHELO, enlazar con él y bajar hasta los PRADOS, una vez allí conectar con alguien más, hacer grupeta y a ver qué me deparaba nadar entre dos aguas.
Pero la estrategia se me chafó. Mientras estaba haciendo pis se me pasó PECHE. Este, creyendo que iba delante, tiró para abajo como un poseso. Estuvo a punto de salirse en dos curvas, no vio ni el QUIEBRAJANO ni el curso del VALDEARAZO, un purasangre en estado de gracia. Nueve horas después, en la línea de meta de Valdepeñas, me suelta: "¡A dónde cojones te has metío!".
En los Prados me encuentro en tierra de nadie, opto por esperar a ver quién viene por detrás y allí mueren mis sueños de grandeza. Irremediablemente mi destino es el vagón de cola. Conecto con lo que queda del sufrido G-10; ISMAEL con la garganta de las secuelas de la Feria, PERICO con la meta puesta en las cervezas del RABILLO, JUANILLO con las piernas cargadas por kilos de Reflex, RUBEN y MARCHU perdidos por esas trochas de Dios con las pocas "mountainbikeras" que se atrevieron con el Dessafio, un servidor ni las olió. Yo más bien diría que este grupo era lo más parecido al ejército de Pancho Villa. Pasamos ALAMILLOS sin pena ni gloria. Al llegar a la carretera asfaltada, camino del "PAERÓN", PERICO se anima y le sigo. ¡Hombre!, destellos de ciclismo, se agradece, pero la ilusión murió 500 metros más arriba. Yo perseveré y destrocé todo lo que se puso por delante, no hay piedad con ganas de pelea. El toque humorístico lo puso una grupeta de granaínos, al adelantarnos uno se fijó en mi MACARIA y con su gracejo y deje particular, le oigo: "Me gasto 3000 € en la potra que monto y el pollas este con la mula roma que lleva, la pasá que nos ha pegao". Todavía con la risa en los labios llego al ventoso PAERÓN. Llegó el momento más esperado, conocer el tramo de CUEVALAYEDRA, me quedó pendiente en la edición anterior, precioso y espectacular; lástima no poder admirarlo en toda su dimensión, el mal estado de los caminos no te permitía muchas alegrías visuales. En el cruce de VINATEROS observé muchas deserciones, es lógico, los organismos empiezan a resentirse y la tentación de tomar la vía CARBONEROS y plantarse en VALDEPEÑAS al mediodía, era grande. En la zona del SALTADERO la MACARIA se envalentonó, intentando emular a sus compañeras de travesía, quizá añorando tiempos pasados, y por poco salgo despedido por encima del manillar para estamparme contra unas rocas. Las pasé canutas para intentar frenar sus fogosos bríos. Estamos en pleno descenso del BARRANCO DE LOS ROSALES. Tengo atravesado este tramo. Me destroza el cuello y sobre todo los brazos, las muñecas empiezan a no responderme mucho cuando echo mano a los frenos, y me pego algún que otro sobresalto. Avituallamiento de FRAILES y mis tres acompañantes dicen que nanai de la china, su sufrimiento acaba en ALCALÁ, ni un metro más. Intento persuadir a alguno para que me acompañe, pero como los Cruz y Raya, avanzar un poco más, pa ná, es tontería. No contaba con este cambio tan brusco de planes, me llevó un gran esfuerzo recomponer la película de nuevo, luego más tarde lo terminaría pagando. Como ya le ahbían puesto nombre al final del viaje, desconectaron totalmente y más si empiezas con el repechón de las NOGUERUELAS. Quedaba una eternidad, así que decidí tirar para adelante yo solo, ya que según JUANILLO, con los tiempos que íbamos marcando sólamente podíamos aspirar a rezar el rosario con las abuelas de VALDEPEÑAS.
Pero... ¿dónde está la gente? Me metí en el control de la VERÓNICA sin ver ni a un cristo, ni ciclistas, ni enlaces, ni espectadores, ni moteros, ni coches de apoyo... Por un momento llegué a creer que los tres colegas se habían salido con la suya, la prueba terminaba en Alcalá... ¡¡Uff!! qué alivio, por fin veo a gente en traje de corto. Son pocos, perdiendo mucho aceite e inmersos en un montón de cavilaciones. Es complicado conectar con alguien, se va mucho a su aire, te interesas cómo van y casi nadie te contesta; no me canso de decirlo, pero qué mal rollo están cogiendo las marchas cicloturistas. Me quedo extasiado con las panorámicas de la VERÓNICA, tanto que una chavala del avituallamiento me dice que me lo estaoy pensando mucho y así no se hace camino. Entretenido y peligroso el tramo de los TAJOS hasta llegar a SAN MARCOS, con una vereda de cabras del KARAKORUM que como te despistaras un poco, no te encotnraba ni el satélite terrestre. Aquí me ocurrió un percance un tanto peculiar. Soplaban rachas bastante fuertes y como uno no está muy sobrado de masa mórbida, pues en una me estampó encima de una aulaga. Recuperé la fe, porque estuve rezando un buen rato. Estoy entrando en la villa y corte de CHARILLA e intentando estimular mi fatigada mente para el suplicio que me espera en el descenso al NACIMIENTO DEL RÍO SAN JUAN, otro tramo que me desespera. Qué contrariedades más grandes tiene el ciclismo, cuando a la inmensa mayoría los destroza la subida, a mí lo que me mata son los descensos. Último avituallamiento, el CASTILLO, los poquitos que quedaban estaban cargando sus bicis en furgonetas y coches familiares que los estaban esperando; estoy condenado a pasarme más de la mitad del DESSAFIO en la más absoluta soledad. Bromeo un poco con los chavalillos del avituallamiento, les digo si voy en tiempo de conseguir alguna medalla y un abuelete que estaba al lado me dice que si llego, me conforme con una estampa del SANTO CUSTODIO. Parece mentira pero reconforta, relaja y se agradece el sentido del humor ante tanta penuria. La sonrisa se me esfumó rápido, estaba ante su majestad, la CAMORRA NAPOLITANA. Me doy un ultimátum, llegar al tramo de cemento sin echar pie a tierra, para poder pasarla con algunas garantías, pero la realidad es tremendamente frustrante; bandazos, zigzagueos, si me pongo en pie me derrapa la rueda trasera, si me siento las fuerzas no me acompañan, 50 metros, 20 metros... consigo por fin pisar el cemento, pero fue el canto del cisne, la rónica de una muerte anunciada...

La inmensa mole de la CAMORRA cayó sobre mí como una losa. Fue mi acta de defunción, se me acumuló todo el cansancio físico, el cansancio mental de ir tantas horas solo, el ritmo que había llevado, cuando vas contigo mismo, te exprimes más. La travesía por tierras del MAJOLERO se me hizo eterna, qué negro se vuelve todo cuando te "aorillas" al borde del pozo. En la bajada al río GRANDE un chaval se pegó un hostión de aúpa, pero sin consecuencias, a duras penas podía sujetar la bici, se me iba con tanto pedrusco suelto y por la escasa sensibilidad que sentía en las manos.
Me bajé e hice el descenso a pie, a estas alturas ya daba igual ocho que ochenta. Me vino bien, descargué un poco los riñones y destensé las cervicales, las que seguían respondiéndome fielmente eran "las gambas". Cruzo el río y penetro en el valle al encuentro de las MINAS. La tarde va cayendo y la penumbra va inundando el camino. El piloto rojo empieza a parpadear y he de echar mano a mi experiencia y fuerza de voluntad para llegar a la ERMITA DE CHIRCALES. El pensar en su fresca cascada de agua y el palpar en el maillot dos pastelillos que me dio PECHE hace ya medio siglo, me levanta el ánimo. ¡Vaya panorama!. La gente tirada al suelo, sí, como suena, no sentada, ni recostada, ni inclinada, tirados como colchones en la mili, secándose al sol. Uno me pregunta si el agua de la fuente se bebe. Pero ¡por Dios, hombre!, dónde te has criado, te bebes la mierda que sale por el grifo de tu ciudad y dudas del agua que brota en plena sierra; mucho móvil, GPS, track y altas tecnologías, y no nos molestamos siquiera en saber cómo funciona nuestro entorno. ¿Queréis creer que casi se me enfada el tío? Llenó el bote lanzándome una mirada como perdonándome la vida. Estoy algo triste, melancólico, espeso, con una vaga sensación de hastío, de deberers no muy bien hechos. Con el ceño fruncido y un tanto mal sabor de boca, afronto la última subida. Al empezar a subir había un grupo parado. Eran de CABRA, y el más joven ni se podía mantener en pie de los tremendos calambres que tenía. Un compañero se ofrece a llevarle la bici, pero iba tan exhausto que a mitad de la cuesta le abandonan las fuerzas. ¡Anda, déjamela, intentaré subirla hasta arriba!. Todo esto a pie, ver a gente subida en bici era ya una quimera. Por fin un acto humano en una jornada de tanta barbarie, el chaval se sinceró: "Estas son de las cosas que nunca se olvidan". Esta simple frase, este arranque de humanidad, este brote de humildad, me salvó el DESSAFIO. Entramos en las calles de VALDEPEÑAS, todavía quedaba calor humano en las aceras; qué gracia tienen las abuelillas, estos de ben de ser los malillos, malillos, porque cuando llegaron los primeros yo estaba echando el arroz. Viramos la última curva y vislumbramos la meta. Cuesta arriba, para terminar a gusto. PECHELO sale a mi encuentro y me da el último empujón para traspasar la línea. Debió de percatarse de los estragos que el DESSAFIO había causado en mi organismo.

Como viene siendo costumbre, no vi nada de la parafernalia de la entrega de premios, ni a los vencedores, ni al famoso SPEAKER, ni a las azafatas si las hubo, ni al personal jalando, ni los coloquios y cotilleos de final de etapa.
Cae la noche, nos vamos dispersando y en el horizonte emerge una nueva luz, un nuevo DESSAFIO está en marcha...
SEMBLANZAS PERSONALES:
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Los dos efusivos besos que me estampó FORMENTERA al cruzar la línea de meta. Una azafata no le hubiera puesto tanta pasión.
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Al que pegó el hostión, ¿Te ha pasado algo?. "No, es que he parado a mear". Como si una caída fuera una humillación, apaga y vámonos.
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JUAN LEONARDO, en secreto de confesión, "Aquí no vuelvo nunca más." Hay que ser honesto con uno mismo y conocer tus propias limitaciones.
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Qué decir del G-10, como Octubre es el mes de la berrea, algunos de sus miembros estaban "encelaetes" y su mente puesta más bien en la remonta, y no precisamente en la remontada de cerros.
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En los vados del SAN JUAN, en plena corriente, se me pone el buen hombre a cambiar de desarrollo. Resultado: "YELLOW SUBMARINE".
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Tomando unos vinos en lo de RABILLO, me encuentro a unos pocos miembros de los controles de avituallamiento, dando buena cuenta de unos rabos de toro al horno. Un avituallamiento con dos cojones.
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Unos chavalines a la entrada de VALDEPEÑAS... "¿Nos das el bote, nos das el bote?" "¿No queréis mejor la bici?". Se miran extrañados unos a otros.. "Este viene 'tocao'".
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Fíjate si es "atravesá" la MACARIA, que tuve que sujetar el dorsal con guitas de alpaca, menos mal que vino NONO al rescate, con alicates y precintos más gordos.
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Cada vez os veo con más rostro de preocupación (EL SASTRE y CAPRI), la responsabilidad es una cuesta muy jodida y sois quizás los que menos disfrutáis de todo esto. Mi más sincero respeto por vuestro enorme esfuerzo y a todos los que contribuyen a que este evento salga adelante.
"Sólamente el que nada contracorriente, sabe que está vivo".
Un fuerte abrazo,
Isidro.