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Artículos y crónicas históricas |
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domingo, 25 de octubre de 2009 | |
MARCHA MTB LA GRANA 2007
By jose @ 9:42 :: 2230 Views ::
0 Comments :: :: Crónicas de marchas | |
Una espléndida marcha, la que nos regalaron los amigos del club MTB - La Grana, sobre todo con gran disposición para que los visitantes nos fuésemos contentos de allí. A cambio de una escueta inscripción de 5 euros tuvimos unos avituallamientos completísimos, comida final, bolsa de regalos y sobre todo, un estupendo día de naturaleza y montaña. La marcha tuvo todo tipo de alicientes, con subidas de bastante dureza, descensos pedregosos que hicieron las delicias de los más valientes, paisajes de foto como la peña de Martos o las aves migratorias en el embalse de Las Casillas, y un precioso descenso sinuoso por senderos estrechos, en puro bosque mediterráneo. La participación fue bastante numerosa, con unos 150 ciclistas. A la salida de Martos en dirección a la sierra de la Grana, pensaba que nos habían invitado a una ruta tranquila, con algunos tramos duros, pero no podía imaginarme lo que se venía encima. La primera subida era tendida, ganando altura sobre la ciudad de Martos. Muy pronto dejamos abajo la espectacular Peña de Martos con su castillo, y nos internamos en terreno montañoso, cruzando unos pinares preciosos, con el suelo húmedo por la escarcha que se iba derritiendo a estas horas. El primer avituallamiento se hizo en la cumbre de esta montaña, antes de afrontar un rápido descenso por un cortafuegos que, en algunos tramos muy empinados, me obligó a echar pie a tierra, ya que aún no soy demasiado valiente con la bicicleta de montaña. Mucha gente también desmontó, pero los más habilidosos hicieron el descenso completo. Volvimos a pasar por la ciudad de Martos e iniciamos otro ascenso, esta vez más corto, por la ladera de la peña, rodeando la ciudad. Tras otro paso más por Martos, nos dispusimos a abandonarlo por la carretera de La Carrasca, que abandonamos para seguir por caminos de tierra variopintos. Cruzamos zonas de gravilla, pequeñas bajadas tendidas y rápidas por pistas anchas y un bonito valle donde vadeamos un arroyo, seguido de una corta pero dura subida. De esa forma llegamos a Las Casillas, donde nos brindaron un copioso avituallamiento, con una parada más larga de lo necesario, para agrupar a todos los ciclistas. El tiempo empezaba a apremiar. Habíamos recorrido menor distancia de la esperada a esas horas, y mi cuentakilómetros me indicaba que aún faltaba casi el cuarenta por ciento del recorrido. Aún me quedé corto en las previsiones, porque el recorrido final estuvo por encima de los sesenta kilómetros, cuando yo había pensado que eran unos cincuenta. La gente hablaba de una cuesta del veinte por ciento, que tendríamos que afrontar más tarde. Reanudamos la marcha y rodeamos el embalse del río Víboras, que nos ofreció preciosas imágenes de aves migratorias venidas para pasar el invierno en nuestras tierras, y rápidamente giramos a la derecha, por un camino de tierra que subía trabajosamente la ladera de la montaña, dejando el embalse en el fondo del valle. Yo creía que sólo podían faltar unos diez kilómetros de marcha, e hice una subida intensa, todo lo rápido que pude, adelantando a muchos ciclistas. El camino nos llevó a atravesar la montaña por un collado donde la vegetación cambiaba. La ladera norte consistía en un descenso tendido y sinuoso, por un estrecho sendero, que levantó la admiración de participantes que venían de provincias limítrofes, principalmente de Granada. El sendero nos llevó a la antigua carretera de Jaén, hasta la aldea de la Venta de Pantalones, donde realizamos un reagrupamiento, para enlazar con la vía verde del Tren del Aceite. Este terreno ya era conocido para mí, y pensé que estábamos a punto de finalizar. Mi amigo Jaime, de Alcalá, puso un ritmo fuerte en el llano, y yo le seguía con fluidez, aunque los kilómetros empezaban a pesar en mis piernas. Cruzamos dos viaductos metálicos sobre sendos barrancos, y poco después de la antigua estación de Vado Jaén, cuando yo pensaba que estábamos a punto de llegar a Martos, la organización nos desvió por un camino de tierra, que picaba hacia arriba, al principio de forma suave, pero por momentos la pendiente se hacía más dura y se eternizaba. En esos momentos me arrepentí de no haberme tomado más en serio la marcha. Realmente había comido demasiado poco en los avituallamientos, y me había quedado sin agua en mis botes. Los últimos cinco o seis kilómetros fueron un auténtico calvario, y la pista de tierra se convirtió en un reguero de ciclistas cansados, deseando ver aparecer las casas de Martos cuanto antes. A la entrada de Martos nos fuimos reagrupando los miembros de Ciclocubín y algunos otros ciclistas sueltos, y formamos una grupeta de diez o quince unidades. El tramo por dentro del pueblo no estaba señalizado, y nos costó encontrar el auditorio donde se celebraría la comida final. Pero por fin llegamos y nos recuperamos con la comida y bebida que, generosamente, había dispuesto la organización. Todo el mundo contento, y los organizadores, emocionados, porque la jornada había resultado un éxito total. Martos, 6 de Diciembre de 2007 |
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